Mia, Gabriel y Ryan entraron al bar con la intención de celebrar.
La victoria que acababan de conseguir merecía un brindis, aunque ninguno de ellos imaginaba que la noche terminaría de forma tan amarga.
—Brindemos por la maldad descubierta —dijo Ryan con una sonrisa que apenas ocultaba el agotamiento.
Chocaron sus copas y bebieron sin titubear. Pero justo cuando el alcohol comenzaba a calentar sus gargantas, un sonido los detuvo. Sus teléfonos vibraron al mismo tiempo. Una notificación, una invi