Arly dejó de grabar y su instinto de supervivencia se activó como un resorte. Corrió. Sus tacones resonaron en el suelo, pero no aminoró la marcha.
Bajó las escaleras de emergencia a toda velocidad, aferrándose a la barandilla para no caer. No miraría atrás.
¡Querían matarla!
El terror le oprimía el pecho, cada respiración era un suplicio. Su mundo entero se había desplomado en un segundo.
Cuando llegó al estacionamiento, sus manos temblaban tanto que le costó abrir la puerta del auto. Finalment