Paz intentó calmarse, creyó que era una broma, inhaló profundamente y, con una leve sonrisa en los labios, alzó la mirada hacia Terrance.
—¿Estás celoso? —su tono era juguetón, pero en su interior, el miedo aún persistía.
Terrance la observó fijamente, su mandíbula se tensó.
—Por supuesto que estoy celoso… —susurró, su voz cargada de posesión—. Porque tú eres mía.
Sin darle oportunidad de responder, la atrapó entre sus brazos, sujetándola con firmeza mientras su boca reclamaba la de ella con un