Paz sintió que la desesperación la consumía. Sus manos temblaban al sostener el teléfono, marcando una y otra vez sin obtener respuesta. Algo andaba mal.
—Paz, espera, no puedes salir así. —Bianca intentó detenerla, pero al ver su expresión aterrada, supo que sería inútil.
—Por favor, quédate con las niñas. No puedo arriesgarlas… pero tengo que ir con Terrance. —Su voz se quebró.
Bianca vio en sus ojos una angustia que iba más allá del miedo. Era el terror de perder lo más importante de su vida.