La reunión se llevó a cabo en el sótano de la casa principal, lejos de oídos curiosos y ventanas vulnerables. Una habitación que había servido como búnker durante generaciones, con paredes reforzadas de piedra y metal, y solo una entrada custodiada por los guerreros más leales.
Karl presidía la mesa circular, con Jacob a su derecha y Lucía a su izquierda. Dylan y Ronan flanqueaban el otro extremo, mientras que Thalia y los mellizos completaban el círculo. En el centro, mapas holográficos mostraban cada centímetro del territorio del Norte y las zonas limítrofes.
—El patrón es claro —dijo Dylan, señalando puntos rojos en el mapa—. Tres avistamientos en cinco días. Siempre al límite de nuestros sensores. Siempre desapareciendo antes de que podamos confirmar.
Ronan asintió.
—No está probando defensas aleatorias. Está mapeando nuestros tiempos de respuesta.
—Y nuestros puntos ciegos —añadió Thalia con gravedad.
Karl estudió