El bosque asignado para la primera ronda no era un terreno común.
No era un simple espacio natural delimitado para la competencia, sino una extensión viva del predio del Consejo, adaptada, intervenida y reforzada para soportar pruebas de alto nivel. Árboles centenarios se alzaban como columnas irregulares, el suelo estaba cubierto de hojarasca espesa que amortiguaba pasos y caídas, y entre las raíces se ocultaban desniveles, pasajes estrechos y rutas falsas diseñadas para confundir incluso a lo