El depredador no corre
El silencio que siguió a la desaparición de Damián fue peor que el caos.
Las patrullas siguieron moviéndose durante horas, los sensores se recalibraron una y otra vez, y los guerreros no abandonaron sus puestos ni siquiera cuando el amanecer comenzó a desteñir la noche. Pero había una sensación persistente, incómoda, como si el territorio entero supiera que aquello no había sido un intento de ataque.
Había sido una observación.
Lucía no volvió a la cama después de que Jac