POV Aria
No podía dormir.
No importaba cuántas veces cerrara los ojos ni cuántas respiraciones profundas intentara forzar; el descanso no llegaba. Mi cuerpo estaba agotado, pero mi mente y mi loba no lo estaban. Layla se movía bajo mi piel como una marea contenida a punto de romper el dique, empujando, insistiendo, reclamando espacio.
Desde nuestra última charla, había guardado silencio.
No porque se hubiera calmado.
Sino porque estaba furiosa.
Ese tipo de silencio era peor.
—No voy a revelarme —murmuré en la oscuridad, con la voz apenas audible—. Ya oíste al Consejo. Están prohibidas las transformaciones fuera del predio.
Layla no respondió.
Pero el impulso siguió allí.
Una presión constante en el pecho, una urgencia que no tenía palabras claras, solo dirección. Afuera. Lejos de las cabañas. Lejos de los muros, de las cámaras, del control absoluto del Consejo.
Hacia el bosque.
Me giré sobre la cama, frustrada, observando el techo apenas iluminado por la luz exterior. La cabaña estaba