POV Aria
No podía dormir.
No importaba cuántas veces cerrara los ojos ni cuántas respiraciones profundas intentara forzar; el descanso no llegaba. Mi cuerpo estaba agotado, pero mi mente y mi loba no lo estaban. Layla se movía bajo mi piel como una marea contenida a punto de romper el dique, empujando, insistiendo, reclamando espacio.
Desde nuestra última charla, había guardado silencio.
No porque se hubiera calmado.
Sino porque estaba furiosa.
Ese tipo de silencio era peor.
—No voy a revelarme