El Claro de la Luna Nueva era exactamente como su nombre lo sugería: un círculo perfecto de tierra despejada, rodeado por robles centenarios cuyas ramas se entrelazaban formando una bóveda natural. En el centro, una piedra antigua marcada con runas lobas servía como altar para ceremonias sagradas. Durante generaciones, las lunas embarazadas habían venido aquí a pedir protección para sus futuros cachorros.
Pero esta noche, Lucía no estaba aquí para pedir protección.
Estaba aquí para crear una trampa.
Dylan estaba camuflado en un roble a treinta metros al norte, tan inmóvil que ni siquiera las ardillas notaban su presencia. Ronan coordinaba desde una posición elevada al este, con Thalia vigilando el sendero oeste y los mellizos cubriendo la ruta sur.
Jacob estaba posicionado a doscientos metros de distancia, lo suficientemente cerca para llegar en segundos a través del enlace mental, pero lo bastante lejos par