La noche previa al inicio oficial de los Juegos no fue ruidosa.
No hubo fiestas, ni música, ni discursos improvisados. En el predio del Consejo, el silencio tenía una densidad particular, como si cada manada estuviera guardando energía, midiendo respiraciones, eligiendo con cuidado qué mostrar… y qué no.
El alojamiento asignado a la Manada del Norte era un conjunto de cabañas modernas, construidas con madera tratada y piedra pulida, conectadas por senderos iluminados con farolas bajas. No era u