El regreso al anfiteatro tuvo un peso distinto al de la llegada inicial.
No había expectativa ingenua, ni curiosidad abierta. Ahora las manadas regresaban con los cuerpos tensos, los sentidos afilados y la conciencia clara de que los Juegos no eran un espectáculo… sino una prueba real, capaz de dejar marcas visibles e invisibles.
La Manada del Norte ocupó nuevamente su sector asignado. Los ayudantes se adelantaron para revisar pequeñas heridas, raspones, golpes mal amortiguados. Nada grave. Nad