La puerta de la cabaña se cerró con un chasquido suave, como si el mundo exterior se desvaneciera por completo. La luz de la luna llena se filtraba a través de las ventanas abiertas, derramando un resplandor plateado sobre las paredes de madera y los cuerpos que ya ardían de anticipación. Ronan no perdió un segundo: con una mano firme en la nuca de Dylan, lo empujó contra la pared, su cuerpo grande y caliente cubriéndolo por entero, como una manta de fuego vivo.
—Dime que pare —susurró Ronan co