El sol se hundía tras las montañas, tiñendo el cielo de un violeta profundo que se fundía con la luz plateada de la luna llena. Los Juegos Lunares habían terminado con Norte y Fuego Eterno como vencedores compartidos, y el Consejo, en honor a los participantes, había organizado una última cena y baile de despedida en el Gran Salón de Cristal. Era la noche para celebrar, sanar heridas y, para algunos, decir adiós… o empezar algo nuevo.
Las manadas descansaban después de la agotadora carrera. Los