El eco de las campanas del Consejo Supremo aún resonaba en la mente de todos.
El fallo había sido dictado: Valle Rojo no podría reclamar a la Luna del Norte.
La decisión cayó como una tormenta sobre el gran salón de mármol.
Damián, el Alfa de Valle Rojo, apretó los puños, sus ojos ardiendo de rabia.
—¡Eso no fue lo acordado! —rugió, mirando directamente al anciano Thorne—. El Consejo prometió que, si los Juegos terminaban sin un claro vencedor, podría reclamar mi derecho de unión.
Thorne lo mir