Mundo ficciónIniciar sesión"¿Qué debo hacer si mi pareja decide que ya no me ama? ¿Qué debe hacer una hembra sin lobo como yo si mi pareja elige engañarme con la mujer que me robó la vida?" Clarisse pensó que después de emparejarse con Noah, el Beta de la Manada Fuego de Luna, su vida estaba resuelta. Durante tres años, fueron felices. Ella no tenía idea que Noah la estaba engañando con su enemiga de toda la vida mientras ella sufría por su infertilidad, sintiendo que le fallaba con cada celo en el que no concebía una sola cría. Cuando Noah regresa a casa oliendo a otra mujer, la humilla y la ataca, Clarisse no tiene otra opción que ir con su cuñado, el Alfa Aiden, para que arregle la situación. Pero aquello provoca que Noah, en su furia, traiga a su cama a la mujer con la que la traicionó y rompa su vínculo de pareja, dejándola al borde de la muerte. Entonces, su cuñado aparece para salvarla, pero todo tiene un costo. Para mantenerla con vida, el Alfa Aiden decide romper su celibato de años. ¡Nada menos que con la mujer sin lobo de su hermano! Lo que empezó como un acto de caridad sin segundas intenciones, acaba por despertar una pasión desenfrenada. Secretos, identidad oculta y un amor que se enciende sobre un fuego incontrolable. Aiden solo sabe que, ahora que Clarisse es suya, no puede dejarla ir.
Leer más-Clarisse-
Durante tres años, he estado casado con Noah, el Beta de la Manada Fuego de Luna: la manada más fuerte del Territorio de Lobos. Ni una sola vez me reclamó por ser una hembra sin lobo, ni por ser incapaz de darle un hijo. Durante tres años, he sido la pareja que él ha esperado. Nunca me he entrometido en los asuntos de la manada a menos que se me lo pida, tampoco lo obligo a llevarme a eventos en los que no me pide que lo acompañe, mucho menos le he exigido que me dé más de lo que esté dispuesto a dar. Nunca me ha dado razones para pelear ni sentirme menospreciada, ni una sola vez me hizo sentir que me estaba escondiendo o que se avergonzaba de mí. Pero, sobre todo, nunca me había dejado plantada en nuestro aniversario. Miro el reloj una vez más. Las dos de la mañana. La comida se ha enfriado y mi copa de vino está igual de vacía que la botella. He bebido tantas copas en la espera que perdí la cuenta. No ha respondido a las tres llamadas que le di en diferentes horas. Nunca lo molestaría con llamadas incansables, claro que no, sé lo ocupado que está los últimos días. Sería imprudente reventar su teléfono con llamadas cuando quizás esté en una reunión de manada. Pero es extraño que no se haya tomado la molestia de llamarme en las últimas cinco horas. Con un suspiro, cojo mi teléfono y, sintiendo los dedos temblorosos, llamo a la única persona que podría saber de su paradero. —¿Clarisse? —La voz enronquecida del Alfa Aiden suena desde el otro lado de la línea. Trago saliva. Es una tontería molestarlo a estas horas, sobre todo cuando suena tan cansado. La culpa pellizca mi consciencia en un parpadeo. —Alfa Aiden, perdón que lo llame a esta hora, yo... —El calor sube por mi cuello —. Estoy preocupada por Noah. ¿Sabe si está en alguna reunión? ¿O está ahí con usted? Escucho el sonido de las sábanas y una exhalación. Eso quiere decir que estaba en su cama y acabo de despertarlo. Me siento más avergonzada. No estaba en ninguna reunión. Noah dijo que estaría con el Consejo, que su hermano lo había llamado. Alfa Aiden no me responde durante un doloroso e interminable minuto. —Clarisse, mi hermano no está aquí —dice por fin —. ¿Has intentado llamarlo a su teléfono? —¿Crees que te llamaría a ti si no lo hubiera hecho ya? Las lágrimas caen de mis ojos ahora. Mi cuñado suspira desde el otro lado. —La reunión debió haberse alargado. Déjame llamarlo a ver si sigue ahí o si está en camino a casa... —Hace una pausa como si acabase de recordar algo —. ¿No es hoy su aniversario? —Lo era. Aiden maldice una serie de palabras antes de volver a hablar conmigo. Yo me llevo una mano a los ojos y froto la humedad que se acumula bajo mis pestañas. Es casi infantil molestarlo con algo tan trivial. Noah es un adulto, es su Beta, la segunda autoridad de la manada, y yo molesto al Alfa para saber de su paradero porque no se molestó en avisarme que no llegaría a nuestra cena anual. Aiden siempre ha sido considerado conmigo, aunque en público es bastante frío y evita decirme más de dos palabras, pero sé que puedo confiar en él. Lo conozco lo suficiente para saber que, si mi llamada lo molestase, no diría una palabra para no ofenderme. Me hace sentir el doble de tonta y culpable por irrumpir su sueño. Ha estado muy ocupado las últimas semanas y vengo a molestarlo con tonterías. «Estúpida emocional». —Voy a llamarlo, ¿de acuerdo? —Su voz, aunque ronca, tiene un timbre suave y calmante —. No te desesperes. Lo enviaré contigo apenas pueda contactarlo, ¿si? Te avisaré en cuanto responda. Con un suspiro, me dejo caer en el respaldo de mi silla. Definitivamente soy una ingrata por molestarlo a esta hora. Me sentiría mejor si detectara el mínimo rastro de irritación. —Gracias —le digo con sinceridad. —No me agradezcas —Casi puedo escuchar algo de culpa en su voz, pero lo dejo pasar. Corta la llamada antes de que pueda volver a agradecerle. Y espero. El reloj marca las tres de la mañana cuando cierro los ojos. *** Unos golpes en la puerta me hacen despertar sobresaltada. Alguien está intentando abrir la puerta, suena como si su cuerpo estuviera golpeando contra la madera una y otra vez, pero no como si la empujara, más bien como si se tropezara. Mi pecho se aprieta y corro hacia la puerta, medio adormilada y casi tropezando con mis tacones. —¿Noah? —pregunto en voz alta. Él no me responde, pero nuestro vínculo de pareja me dice que es él. Cuando abro la puerta, me tambaleo hacia atrás. El cuerpo de Noah se tropieza con el mío al pasarme de largo y me agarro del pomo para no caerme. El olor a cerveza barata me llega a la nariz y me entran arcadas. —¿Noah? —lo llamo, preocupada cuando sus pasos se vuelven inestables mientras camina a la sala de estar —. ¿Estás borracho? Una pregunta bastante tonta, admito. Trato de agarrarlo del brazo, pero él me aparta con un movimiento brusco que casi me hace caer. Jadeo, sorprendida. —Suéltame —gruñe, enfadado. Se deja caer sobre el sofá de cuerpo entero, tiene el ceño fruncido y la mandíbula apretada. Me quedo paralizada. Nunca me había hablado así, tampoco lo había visto así. Como tampoco había llegado a casa a las cinco de la mañana, borracho hasta la médula y oliendo a cerveza asquerosa y a... Mi corazón se acelera dolorosamente. —N-Noah, ¿dónde has estado? Me encuentro temblando por miedo a la respuesta. En lugar de eso, me enseña los colmillos en una clara advertencia. —Eso no es de tu maldito asunto, Clarisse. Sigo olfateando el aire, tratando de convencerme que estoy confundiendo las cosas. Sin embargo, puedes engañar el olfato de un lobo de muchas formas, como loba de bajo rango, es mucho más fácil engañar mi olfato, pero ni así se puede camuflar su traición. Huele a otra mujer. No a perfume ni a jabón, no, huele a otra mujer. Tiene su olor en todas partes. Ese olor que no puedes camuflar, no cuando... No. No, no y no. Noah no me haría esto. —Noah, he estado preocupada por ti toda la noche. ¿Por qué no respondiste mis llamadas? Llamé a tu hermano para que me dijera donde estabas y él parecía no saber nada de ti. Me tenías asustada. —Al ver que mis palabras no provocan nada en él, me rompo un poco más —. ¿Siquiera sabes qué fecha fue ayer? Noah murmura unas palabras ininteligibles mientras yo me deshago por dentro. Por la Diosa, apenas sabe quién es. ¿Cuánto bebió? Se necesita una buena cantidad de alcohol para derribar a un lobo. ¡Él es el Beta, por amor a la Diosa! No se supone que caiga tan fácil por un poco de cerveza. Eso solo quiere decir que lleva muchas horas bebiendo licor y dudo mucho que desde que acabó la reunión hasta ahora haya sido suficiente tiempo para llenarle la sangre de alcohol. Eso quiere decir que me mintió. —Dime que al menos lo sientes —sollozo cuando me ignora. Ni siquiera se toma dos segundos para mirarme y fingir que lo lamenta —. Dime que sabes qué día te perdiste. —Uno nada importante como para interrumpir mi sueño —responde a secas. Las lágrimas caen antes de que pueda contenerlas. No lo recuerda o, si lo hace, ha decidido que no le interesa —. Cállate la boca de una maldita vez y déjame dormir. ¡Maldición! Arroja un vaso de vidrio que halló en la mesa a su lado, directo hacia mi cabeza y grito, horrorizada de lo que acaba de hacer. Apenas consigo esquivar el objeto antes de que impacte contra la pared a mis espaldas. Los cristales explotan y un trozo de vidrio logra darme en el borde del ojo. Me quedo paralizada, incapaz de mover un solo músculo. Estoy aterrada e incrédula por cómo su agresividad verbal ha trascendido a lo físico en menos de diez minutos. Con cuidado, usando mis manos temblorosas, me quito como puedo los diminutos trozos de vidrio de mi ropa y mi pelo. Mis lágrimas, que un día lo habrían conmovido, ahora parecen ser detonantes para su rabia, pues sus ojos me miran de una forma tan amenazante que temo lo peor. A pesar de que me muero del miedo y que mi voz suena llorosa cuando hablo, también alberga resentimiento puro. La ira me sobrepasa lo suficiente como para pronunciar las siguientes palabras: —¿Con quién pasaste la noche, Noah?CLARISSE Creo que estoy alucinando cuando Aiden dice aquellas palabras. —Te marqué —confiesa como un crimen —. Te mordí. Ahora eres... No llega a completar aquella frase, pero los dos sabemos lo que quiso decir. «Su pareja». Por la diosa de la Luna, ahora llevo la marca del hermano de mi pareja, el Alfa de la manada. Esto está mal por donde sea que se mire. No puedo asimilarlo. Esto no debería estar pasando. No es posible. Debe haber un error. Nada de lo que dice tiene sentido para mí. Recuerdo estar en el suelo, luego de encontrar a Noah en la cama con otra mujer. Estaba segura de que moriría, caminé hasta un cuarto cercano y me desplomé en el suelo. En algún momento entre mi delirio y mis últimos deseos, logré ver el rostro de Aiden. Pensé que estaba alucinando. No recuerdo nada más. Presiono un poco, porque algo me dice que hay algo que no vi, y solo consigo recuperar la sensación de algo clavándose en mi cuello. Un dolor momentáneo que se desvaneció tan pronto caí en la
AIDEN Conduje sin mirar atrás durante la siguiente hora, llevándome a Clarisse conmigo. Estaciono frente a mi fortaleza, bajo del auto y saco a Clarisse de los asientos traseros. La tomo con cuidado, mis manos mucho más ansiosas de lo debido anhelan volver a tocarla. Sé que es solo una de tantas consecuencias por lo que hice, pero me toma desprevenido lo rápido que los efectos de darle mi marca surgen con ella. Apenas conseguí despegar mis colmillos del cuello de Clarisse antes de tomarla entre mis brazos y llevarla a mi auto. No me molesté en gastar fuerzas en Noah. Lo dejé ahí con esa mujer, a que le hiciera lo que le diera en gana el resto de la noche. Él sería un problema que resolvería cuando mi cuñada estuviera a salvo, no ahora, que todavía no está a salvo. «Nuestra» , corrige Ryde con un gruñido. «Es nuestra ahora». Sacudo la cabeza ante su repentina posesividad. Él ha sido de todo menos un soporte en esta situación. Ha enloquecido por completo. No me enorgullece
-Aiden- Cuando asumí el mando de la manada a los veinte años, uno de mis primeros deberes fue escoger una esposa. Una loba capaz para desenvolverse en el puesto de Luna. Debido a la muerte repentina de mi padre, no podíamos esperar a que mi compañera apareciera en los siguientes tres meses. Entonces decidí que la hija del antiguo Beta de mi padre, quien había fallecido junto a él en la batalla, era mi mejor opción. Conocía a Raila desde que éramos unos niños. Era una loba fuerte, entrenada y segura de sí misma. Su belleza era innegable, lo que hacía que la idea de dormir con ella no fuera un problema. Contaba con todos los atributos necesarios para ser una líder y una esposa. En el momento que le propuse ser mi Luna, no dudó en aceptar. La respetaba. Nunca me dio razones para dudar de sus facultades. Ella me conocía y yo también, nos tratábamos en la mesa como en la cama. No había una conexión emocional poderosa como lo es entre compañeros destinados, sin embargo, funcionaba
-Clarisse- Aiden no me ha dirigido una sola palabra en todo el camino. Pero no lo presiono: está molesto, impotente y perdido. Me toma un tiempo comprender que no es nada en contra de mí. Lo conozco hace tres años, llevo en su manada desde los diez años, lo que me da doce años de experiencia acerca de su personalidad y el trato que tiene con la manada. Cuando yo era una niña, él ya lideraba esta manada y tenía una reputación labrada: un líder frío e implacable. No era violento ni tenía un expediente sangriento, por lo menos, no uno público. Llevo ocho años escuchando sobre él, un año conociéndolo de cerca mientras estaba de novia con Noah y tres años siendo su cuñada. Creí que lo conocía lo suficiente, pero ahora, lo siento más cerca que nunca. El alfa que no deja ver sus emociones y trata de llevar toda situación de manera neutral hasta que la violencia se convierta en un recurso inevitable, no puede ocultar su frustración por no poder salvarme. Es irracional que se pong
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