Mundo ficciónIniciar sesión-Clarisse-
Unos hombres me apuntan con sus espadas y otros me agarran de ambos brazos, tirándome al suelo, de rodilla ante ellos. Me duele el agarre salvaje de sus manos, sobre todo porque me presionan las heridas recientes que Noah dejó en mí. Las piedras se me clavan en la carne desnuda de las rodillas, pero no tengo la fuerza para empujarlos ni para defenderme. —No la suelten —ordena un lobo, debo suponer que es el líder de guardias —. El Beta Noah vendrá pronto para llevarse a esta traidora. Siguen repitiendo esa palabra. La primera vez no reaccioné, pero ahora, no puedo contenerme. —¡No soy una traidora! —protesto —. Vine a ver Aiden, ¿por qué ustedes...? Las palabras mueren en mi boca cuando aquel lobo que reparte órdenes me abofetea y luego me golpea el vientre con la parte trasera de su espada. Me inclino del dolor. Me quema y me palpita la mejilla que golpeó. Un zumbido ensordecedor me deja aturdida un largo rato y la vista se me nubla. —Cállate, sin loba —dice despectivamente, mientras que yo trato de enclarecer mis pensamientos —. No te atrevas a decir el nombre de nuestro Alfa con tal confianza luego de lo que hiciste. Muestra algo de respeto. Las lágrimas queman en el borde de mis ojos, tanto por el dolor físico como el impacto emocional. Estoy cansada y aturdida, pero al menos puedo quedarme esto: mis lágrimas, nunca se las daré a nadie que me humille así. Sacudiendo mi cabeza para espantar algo de mi aturdimiento, digo: —Es mi Alfa también —respondo, mi voz amortiguada por el nudo en mi garganta y ese zumbido que no se calla —. Soy de su familia. Al menos deberían decirme de qué se me acusa para tratarme de esta forma. Ustedes... Ustedes tienen protocolos que seguir. El lobo hace una mueca de desagrado. —¿Tratas de envenenar al Beta, el hermano del Alfa y te atreves a venir a su casa diciendo que eres de la familia? ¡Debería hacer más que darte un buen golpe! No vales nada. Eres una malagradecida. Mira que querer matar a un miembro de la familia del Alfa ya es un delito bastante grave, pero que seas su pareja lo hace incluso peor. ¡Él te rescató de ser una marginada por toda tu miserable vida y mira cómo le pagas! ¿Matar a Noah? ¿Eso fue lo que inventó? ¡Fue él quien me agredió primero! Desearía haber sido la mitad de atrevida que él como para intentar dañarlo de la misma manera. Solo quería venir con Aiden para arreglar las cosas de la manera correcta. ¡Cómo resultó! Con Noah poniendo una cruz en mi cabeza apenas salir de su casa. —Venir hasta aquí fue un gran error. Eres una descarada de lo peor. El Alfa Aiden no tendrá piedad de ti, no esta vez, ni siquiera porque seas una hembra débil y sin lobo. No, Aiden no le creería, ¿verdad? Es la única persona que podría defenderme de algo así. Está claro que Noah solo quiere lastimarme; si su hermano decide ponerse de su lado, no me queda nada. Nada. Necesito confiar en que es un Alfa justo. Siempre lo ha sido. Tiene que ser justo ahora o habré caminado a mi propia ejecución. —Me estás acusando sin pruebas —le grito, porque es todo lo que me queda. —¿Qué más pruebas necesito que la palabra del Beta Noah? —¡Yo jamás habría intentando matarlo! —me defiendo aunque sé que no va a creerme —. Quiero ver al Alfa. Quiero que él venga y me diga que soy una traidora, quiero escucharlo de su propia boca. ¡Tráelo si no temes a nada! Cierro los ojos cuando el guardia lobo levanta la mano, listo para abofetearme otra vez, cuando una voz interviene. —¿Qué está pasando aquí? Todos voltean a mirarlo, incluso el guardia prepotente endereza la espalda y se inclina ante el macho. Se trata de Keth, el Líder de Guerreros, el mejor guerrero de Aiden. Mis ojos no pueden evitar escocer ante la imagen. Su cabello rubio cenizo se alborota con la suave brisa y sus ojos cafés miran a los guardias con una fría calma que dejaría paralizado a cualquiera. Cuando me mira, sus ojos se estrechan por el reconocimiento. —¿Clarisse? —susurra, anonadado, sin poder creer lo que ve. Después de analizar el escenario, aquella calma letal regresa a apoderarse de él —. ¡¿Qué demonios creen que están haciendo?! Su voz se endurece al dirigirse a los guardias, más que furioso. Conozco esa faceta, está a punto de despedazar a alguien. Todos inclinan la cabeza como si también supieran eso, incluso su agarre en mis brazos se afloja. El lobo que me golpeó se apresura a responder. —Señor... esta mujer es una traidora. Solo le damos el trato que se merece. —¿Traidora? —Keth casi grita la palabra. Yo lo miro, negando con la cabeza. Él asiente, como si me creyera sin dudarlo —. ¿El Alfa ordenó esto? —Estábamos a punto de llevarla ante él para... —¿Así que no lo sabe? —pregunta bruscamente. El lobo se pone pálido. —El Beta Noah nos llamó, dijo que si ella aparecía no la dejáramos pasar, pues era una traidora que intentó matarlo con veneno. El rostro de Keth sufre una pequeña sombra de duda ante la mención de Noah, pero no lo deja ver el tiempo suficiente. Se ve incluso más decidido que antes. —Entonces se saltaron protocolos —masculla —. Les dijo que la retuvieran, no que la golpearan ni la lastimaran. ¡Está sangrando y claramente no está en su mejor estado! ¡Y ese fui yo diciéndoles que la pongan de pie de una buena puta vez! Estalla cuando los hombres siguen sin soltarme. Apenas él dice eso, los lobos que me sostienen me ayudan a ponerme de pie, sus manos se sienten como grilletes que se aflojan. Sé que eso dejará moratones y marcas horribles. Ni siquiera pensaré en la marca en mi mejilla. Keth da un paso al frente como si quisiera acercarse a mí. —Ahora, yo me llevaré a la señorita... Justo cuando se dispone a cortar la distancia entre los dos, aquel lobo, que parece ser el que manda a los guardias de la entrada, se interpone entre nosotros. Eso hace que el aire se sienta más espeso, los lobos a mis costados contienen la respiración ante su atrevimiento. —Me temo que no puedo dejarle hacer eso, Líder de Guerreros —titibea al mencionar su título, sabiendo que está por encima de él, pero aún así no da su brazo a torcer. Keth lo mira como un predador. —¿Tú me estas prohibiendo hacer algo? ¿A mí? La voz de Keth nunca me había sonado más aterradora. Todos retroceden. —Las órdenes del Beta Noah fueron claras —dice el guardia —. Hasta que él no llegue, no puedo dejar a esta mujer libre. Keth está a punto de decir algo, cuando se calla. Parece como si se le hubiera ocurrido algo mejor. Tiene un atisbo de sonrisa, una fría y oscura que promete consecuencias severas. —Bien —acepta —. Traeré al Alfa aquí a ver si sigues siendo igual de valiente. Espero que estés preparado para perder tu puesto, sino es que también tu cabeza. La amenaza es clara y todos los presentes se quedan mudos. Ni siquiera yo estoy segura de qué esperar. Keth no lo demuestra, pero también está jugando en una línea peligrosa: si el Alfa elige creerle a Noah, ambos estamos jodidos. Keth me arroja una última mirada. Las mejillas se me calientan por la vergonzosa situación. Sé por qué está tomando este riesgo, más allá de su sentido de justicia y porque confíe en mí. —No quiero que le pongan un dedo encima hasta que vuelva —advierte —. Esperen a que regrese con el Alfa antes de proceder con cualquier cosa. ¿Les quedó claro? Así como así, Keth desaparece bajo el umbral de la gran entrada de la casa del Alfa y yo rezo porque Aiden no me deje desamparada. Por favor, ruego en silencio, no me falles tú también.






