Mundo ficciónIniciar sesión-Aiden-
He reventado el teléfono de Noah con tantas llamadas y mensajes que siento los dedos entumecidos. Desde que éramos unos cachorros, Noah siempre ha sido obediente y servicial. Me respeta como su hermano mayor y como su Alfa. El hecho de que ignore mis llamadas es algo inusual que me desconcierta. Clarisse me llamó en algún momento de la madrugada preguntando por Noah. En el momento que le respondí, reconocí la angustia en su voz, sonaba como si hubiera estado llorando. Eso inquietó a mi lobo, Ryde, quien de inmediato se puso a la defensiva. No supe qué responderle a mi cuñada cuando mencionó una supuesta reunión que nunca ocurrió. Supe que Noah le había mentido. Ryde no estuvo contento con eso. Cuando recordó que era el aniversario de ambos, se terminó por enfadar definitivamente. Supe que Noah había metido la pata hasta el fondo antes de que se dignara a responderme al primer timbraso luego de que Clarisse me suplicara encontrarlo. ¿Cuántas veces lo habría intentado contactar antes de atreverse a recurrir a mí? Tan preocupada como estaba por él, mientras mi hermano se divertía en algún lado. No hizo falta que Noah buscase alguna excusa. El ruido de la música, el alboroto de la gente y la voz de una mujer al otro lado de la línea fueron suficiente respuesta para mí. Lo último hizo que Ryde perdiera el juicio. Cuando le dije a Noah que Clarisse estaba preocupada por él, lo que me contestó fue una media verdad: que había ido a beber con unos amigos a un bar y que se le fue la hora. Le dije que era un pésimo mentiroso y que mejor dejara a la prostituta con la que estuviera y fuera a casa con su mujer. Luego amenacé con que si no regresaba a su casa con su pareja, antes de que Clarisse volviera a llamarme, iría a buscarlo a esa maldita fiesta y lo sacaría a patadas antes de darle la paliza de su vida frente a todos para humillarlo. Clarisse no volvió a llamar después de eso. A mí me venció el sueño, luego de que Ryde casi me rompe la bendita puerta al no dejarlo ir en busca de mi hermano a darle una buena lección sobre lo que implica ser un hombre. Apenas me desperté, lo primero que hice fue enviarle un mensaje a mi hermano diciéndole que esperaba encontrarlo en casa cuando fuera a visitarlo, que más le valía tener contenta a su pareja. Ryde no está mejor de lo que estaba ayer. Está furioso, incluso conmigo, por ser, en sus palabras, un blando. Como si matar a mi hermano fuera cosa de niños. No he recibido respuesta a mi mensaje, así que me he dedicado a marcar su número una y otra vez las últimas dos horas. Es la primera vez en mi vida que me ignora una llamada, peor aun, cientos de ellas. Espero que no haya hecho otra idiotez o juro que lo moleré a golpes. «Estamos de acuerdo en algo ahora» dice Ryde luego de pasar horas en silencio. El hecho de que no me hable es una señal de que está a solo unos pasos de perder el control por completo. «Me encargaré de mi hermano, tú cálmate, porque matar a Noah no forma parte de mis planes» le advierto. Ryde gruñe como protesta, pero se deja vencer. Por ahora. Vuelvo a marcar el teléfono de Noah, el buzón me indica que tiene el teléfono apagado. Mi lobo se inquieta cada minuto que pasa sin respuesta y yo maldigo, saliendo de mi habitación. Cuando dejé a Noah estar con Clarisse, como su pareja oficial y no solo una novia de turno, le hice jurarme que no se arrepentiría de esa decisión y que respetaría a su pareja escogida hasta el día de su muerte. Clarisse no es como otras lobas, lo supe desde el momento en que la vi. Su corazón es débil y frágil. Si mi hermano rompe el vínculo que tienen o la traiciona, ella morirá definitivamente. Sin una loba que la ayude a sobrellevar su dolor, Clarisse solo vivirá unas horas. En el mejor de los casos, podría sobrevivir unos días. Pero el resultado sería el mismo. Le hice jurar a Noah por eso. Le dije que no jugara con los sentimientos de esa mujer y que si en verdad quería estar con ella, lo hiciera en serio. Mi hermano me juró en nombre de nuestros padres que asumiría la responsabilidad como lo haría cualquier hombre respetable. Y le creí. Mi hermano siempre ha sido un hombre de fiestas y mujeres, pero tenía que reconocerle algo: era un romántico. No podía estar con una mujer sin tener un vínculo afectivo con ella. Siempre tuvo un corazón blando con los más indefensos. Por eso la manada lo estima tanto. Cuando conoció a Clarisse, vaya, nunca lo había visto durar tanto con una mujer que ni siquiera lo dejaba tocarla más allá de la mano. Una mujer que no parecía dispuesta a más que una amistad. Noah la convenció, sin embargo. Un día solo me llegó el rumor de que mi hermano estaba tonteando con la «sin loba» y al siguiente me informaron que Noah la tenía como su novia. Lo primero que hice fue exigirle que terminara con esa relación si no pensaba sentar cabeza con ella. Mi hermano insistió en que estaba enamorado y que era la indicada. A pesar de mi oposición, le permití traerla a casa. Me la presentó y supe que no podía darle la espalda. Ryde se sintió protector con ella desde el inicio, y desprobó su relación con Noah rápidamente. Lo creía incapaz de cuidarla como merecía.. Así que cuando Noah finalmente se puso los pantalones y pidió mi aprobación para vincularse a ella, tomándola como pareja, tuve un par de exigencias. A Clarisse, en cambio, no le puse muchas trabas. Solo quería corroborar que ella amaba a mi hermano y no estaba aceptando sus tratos por su posición de Beta, fuera porque temía a decirle que no o porque sabía que ningún macho la miraría igual. Aunque eso es discutible. Clarisse es hermosa. Con su cabello rubio, su silueta esbelta y delgada y su piel ligeramente bronceada y sonrojada, además de esos llamaivos ojos marrones, podría encantar a cualquier hombre que deseara. Es atractiva para cualquiera con buen gusto. Pero ese es el tema: cuando un macho quiere aparearse, solo les importa el cuerpo de la hembra, no su corazón. En cambio, para tomar una pareja, se toman muchas cosas en cuenta. Tenía miedo de solo dos cosas en aquel entonces: que Clarisse se sintiera acorralada por mi hermano o que estuviera aceptando todo su amor por conformidad y conveniencia. De parte de Noah, temía que, en cuanto consiguiera lo que quería, se desencatara de Clarisse y comenzara a arrepentirse de su elección. Pero para ser franco, no esperaba que le fuera infiel. Ni en un millón de años. Nunca he tenido a mi hermano como un macho desleal, así que descubrir sus trapos sucios fue un golpe demasiado duro para mí. Primero sentí la decepción de tener tan pobre y miserable hermano, luego me sentí el doble de mal al pensar en su pareja, Clarisse. Mi estómago se revuelve mientras trato de digerir algo de mi desayuno. —Alfa —llama alguien desde las puertas. Mi hombre de confianza, Keth, Líder de Guerreros, está apostado en el comedor con los hombros erguidos, la mandíbula apretada y el cñeo fruncido. Se ve agitado; preocupado, más bien. —¿Qué ha pasado? —exijo saber. No tengo un buen presentimiento. —Ls señorita Clarisse está afuera —dice de repente. Me levanto de un salto y dejo caer los cubiertos —. Ella... Tanto Ryde como yo nos agitamos. —¿Clarisse vino? —La urgencia en mi voz es más que evidente —. ¿Y qué hace afuera entonces? Hazla pasar. Keth se inclina hacia adelante y baja la mirada, como si estuviera arrepentido por algo. —Alfa, es por eso que he venido con usted. Los guardias se niegan a dejarla pasar. —¿Qué? La ira se dispara rápidamente por mis venas, a pesar de que la mantengo bajo una calma fría para no arremeter contra mi Líder de Guerreros que no tiene la culpa de nada. Keth prosigue con voz apresurada. —Dice que recibieron órdenes del Beta Noah de no dejarla pasar. Ellos siguen diciendo que es una traidora que intentó matarlo. Lo siento, Alfa, el Jefe de Guardias se negó a entregármela, así que solo intervine para evitar que la agredieran más. Vine corriendo por usted para informarle la situación, ya que la señorita es de su familia. Golpeo un puño contra la mesa y las palabras de Keth se quedan sumergidas en la furia incontenible. ¿Traidora? ¿Clarisse? ¿Acaso mi hermano se ha vuelto loco? ¿Y cómo se atreve a usar a mi guardia para eso? Podrá ser el Beta, pero yo soy el Alfa y en esta casa nadie hace nada que yo no ordene o apruebe. Noah no tiene más autoridad que yo sobre mi guardia. Van a rodar cabezas en cuanto le plante cara a esos insolentes. Mi guardia sabe que no debe proceder con ninguna orden que no se consulte previamente conmigo, incluso si vienen del Beta. Rompieron protocolos importantes y solo saltaron contra mi cuñada. ¿Por qué? Porque es una hembra socialmente rechazada e indigna para ellos. Por eso. Si se tratara de otra loba, habrían tenido más cuidado a la hora de tratar con una acusación así. La traición no es ningún juego. Escucho los pasos de Keth a mis espaldas, pero no dice una sola palabra. Puede sentir mis defensas quebrantándose con cada paso que doy hacia la entrada. Ryde está loco de sangre y sé que tanto él como yo estamos al borde de cometer una locura por la hembra gentil que permitimos entrar a nuestro mundo hostil. «No me pidas control si descubro un solo rasguño en esa mujer» advierte Ryde. «Los mataré de la peor manera posible» Lo peor no es que hable en serio, sino que yo sé que no haré nada para detenerlo.






