Unas semanas después…
Helena estaba en su hogar, descalza, con alfileres en el dobladillo del pantalón y una taza de té frío olvidada sobre la mesa. La colección estaba casi lista. Faltaban detalles mínimos que decidió pulir en su casa.
Sarai entró rompiendo el silencio, como siempre, con Carlos detrás cargando bolsas que crujían con cada paso.
—¡Te traje cosas! —anunció Sarai, dejando caer una bolsa sobre el sofá
—¿Por qué traen tanta ropa? —preguntó Helena, confundida.
—No me mires así, es