—¡Felicidades, amiga! —soltó Emma.
—No es para tanto… —se avergonzó.
Todos estaban sentados en la misma mesa a la hora del banquete. Nicole, aún con el vestido de novia, tenía la cabeza apoyada en el hombro de Haru.
A su lado, Isabela y Noah compartieron una copa de vino, entre miradas cómplices y manos entrelazadas bajo la mesa.
—Y la próxima semana me caso yo —habló el mellizo—. Más les vale tener energías para mi boda con Isabela.
Noah besó la mano de Isabela y ella se sonrojó.
—¡Oye,