Unos años después…
Nicole terminó de alistar a su pequeño bebé de tres años, abrochando con cuidado los últimos botones de su diminuta camisa.
El niño se retorcía entre risas, intentando zafarse para ir a jugar, pero ella lo sostuvo.
—Quieto, campeón —dijo, con una sonrisa—. Ya casi terminamos.
Le acomodó el cabello negro con los dedos, y luego le dio un beso en la mejilla. El niño la miró con esos mismos ojos verdes que había heredado de Haru, y Nicole sintió una oleada de ternura que l