Unos años después…
Nicole terminó de alistar a su pequeño bebé de tres años, abrochando con cuidado los últimos botones de su diminuta camisa.
El niño se retorcía entre risas, intentando zafarse para ir a jugar, pero ella lo sostuvo.
—Quieto, campeón —dijo, con una sonrisa—. Ya casi terminamos.
Le acomodó el cabello negro con los dedos, y luego le dio un beso en la mejilla. El niño la miró con esos mismos ojos verdes que había heredado de Haru, y Nicole sintió una oleada de ternura que le apretó el pecho.
—Estás tan guapo que vas a robarte todas las miradas —susurró—. ¿Listo para ir a la fiesta de tu primo?
—¡Sí! ¡Primo!
—Así es. Vamos a visitar a tus dos primos.
Desde la puerta, Haru los observaba en silencio, como si aún no pudiera creer que esa escena fuera real.
—Los espero abajo —le avisó.
Nicole cargó a su único hijo, que se aferró a su cuello con los brazos pequeños y cálidos, estaba emocionado por la fiesta.
Bajaron las escaleras de la casa que Haru había compr