Capítulo 276: La Promesa de la Sangre
El agua negra bajo los pies de Astraea no era líquida, sino una amalgama de oscuridad y recuerdos que amenazaba con arrastrarla hacia un sueño eterno. El eco de la confesión de Valerius —no fue un asesinato, fue una promesa— golpeaba su mente con la fuerza de un rito prohibido.
Ella lo miró a través de la bruma violeta que emanaba de su propia piel. Valerius permanecía allí, con la mano extendida, su torso marcado por la batalla y su aroma a almizcle y bosq