Capítulo 245: El Sabor del Pecado
El silencio que siguió a la explosión de luz era más aterrador que los alaridos de Valerius. Astraea respiraba con dificultad, el aire gélido quemando sus pulmones mientras observaba la puerta de madera vieja incrustada en el árbol milenario. "Solo la que perdona puede entrar". Las palabras grabadas en la lengua de su padre brillaban con una luminiscencia dorada, desafiando la oscuridad del bosque.
A pocos metros, las cadenas de plata seguían siseando sobre la