Capítulo 246: El Parásito del Destino
La risa infantil se filtró por las paredes de madera como un veneno sutil. Astraea se apartó de Valerius con un movimiento eléctrico, sus ojos fijos en la herida abierta del Alpha. El collar de ojos humanos en el suelo parpadeaba con una cadencia macabra, pero lo que ocurría en la carne de su compañero era peor.
Dentro del corte profundo causado por la flecha de plata, algo se movía. No era el pulso de la sangre, sino una oscuridad fibrosa que latía bajo la