Capítulo 233: El Eco de la Sangre Primordial
El vacío dejado por el guerrero de marfil no era una ausencia de materia, sino una succión hambrienta que devoraba la escasa luz de la Gran Sala. Astraea, con el hacha de plata de Vaelen fundida a su palma por el calor de su propia sangre híbrida, sintió cómo el peso de la torre se inclinaba hacia el sótano. El ruido de las cadenas rompiéndose en las profundidades no era solo metálico; era el sonido de una voluntad antigua que recuperaba su aliento.