Capítulo 223: El Despertar del Cristal
La nube de ceniza esmeralda se disipó con la misma lentitud con la que el mundo real se filtraba de nuevo en los sentidos de Astraea. No había límites del reino, ni claros de bosque, ni lanzas de hueso. Lo que percibía era el frío mármol de la Gran Sala del Consejo y el eco de los cubiertos de plata golpeando suavemente la porcelana fina. El primer sorbo de vino —un tinto denso que sabía a cerezas negras y a una sospecha metálica— aún quemaba su garganta,