Capítulo 136: El Sacrificio de la Luz Blanca
El grito de la figura encapuchada resonó en las paredes del Manantial, deteniendo el tiempo para Astraea. Sus botas, sumergidas en el agua que ahora era una gelatina negra, quedaron clavadas en el suelo de amatista. El niño, su hijo, apretó su mano con una fuerza que hizo crujir sus falanges de mármol. Al girar la cabeza, la Reina vio el horror materializado: las piernas de Valerius ya no eran carne ni vello plateado; eran columnas de sal negra, un m