Capítulo 135: El Heredero del Vacío
El silencio que siguió a la declaración del niño fue más pesado que el estruendo de la flota de seda al caer. Astraea permanecía de rodillas, con los dedos entrelazados en la túnica de Valerius, sintiendo la ausencia absoluta de calor en el cuerpo de su esposo. El agua del Manantial, ahora negra y espesa como el óleo, reflejaba la luz esmeralda que emanaba del pequeño ser que caminaba hacia ella. El niño, un reflejo distorsionado de todo lo que ella amaba y t