Capítulo 131: El Descenso del Sol Impuro
El aire se volvió una sustancia viscosa, teñida por el carmesí del vapor de las tuberías rotas. Astraea, de rodillas sobre la cubierta que se desintegraba, sintió el peso renovado en su vientre. No era la calidez de una vida gestándose; era un latido metálico, una esfera de luz esmeralda que parecía reclamar su propio espacio entre sus órganos. El "Soberano de la Noche" gimió, un sonido de metal retorciéndose que resonó en sus dientes. La gravedad había