Capítulo 129: El Motor de Seda
El grito de Mikhail se perdió en el estruendo de la cascada invertida. Astraea sintió que el mundo se inclinaba sobre su eje. La imagen de Valerius, atrapado en esa esfera de plata líquida, ascendiendo hacia el vientre de los barcos de seda, le provocó una punzada de dolor en la marca que casi la hace perder el sentido. La dilatación sensorial fue implacable: podía oler la salitre de las nubes rozando el casco de las naves, el sabor a ozono de la magia de Mikhail