Capítulo 107: El Cáliz de los Olvidados
El latido del corazón que Elara sostenía en sus manos parecía marcar el ritmo de la agonía de Astraea. No era un latido humano, ni siquiera un latido lobuno común; era una pulsación pesada, cargada de una vibración que hacía que las raíces de obsidiana que aprisionaban a la Reina contra la pared se apretaran con cada sístole. Elara, la joven cuya dulzura había sido una vez el único alivio en la corte de los Lycans, ahora estaba allí, bañada en una luz dor