El Gran Salón de la Ciudadela de Hierro bullía con una energía que oscilaba entre la celebración festiva y la vigilancia depredadora. Las inmensas vigas de madera de roble negro, grabadas con las hazañas de los antepasados de Valerius, sostenían arañas de luces de cristal que goteaban cera sobre los largos tablones de piedra cargados de manjares. El aire era una mezcla densa de aromas: jabalí asado con especias del sur, hidromiel fermentada, el perfume dulce de las flores de invierno y, por deb