Capítulo 301: La Copa del Caos
El eco de la orden del niño —Mátalos a todos— aún vibraba en las paredes de la Cámara del Juicio. Astraea, tendida sobre los pétalos de rosa negra, sentía cómo su propio cuerpo se convertía en un campo de batalla. El Valerius que tenía delante, con su copa de vino humeante y sus ojos dorados, no retrocedió ante la amenaza del heredero. Al contrario, sonrió con una ruda suficiencia que erizó el vello de Astraea.
—¿Escuchas eso, mi Reina? —la voz de Valerius era una