Capítulo 300: La Revelación de la Sangre
La Cámara del Juicio no era un lugar físico, sino una prisión de deseo y oscuridad construida con los fragmentos de la memoria de Astraea. El aroma a rosas negras se mezclaba con el almizcle salvaje de Valerius, creando una atmósfera tan embriagadora que el aire mismo parecía quemar al inhalarlo.
Frente a ella, el Alpha no era el guerrero herido de la nieve, sino una visión de poder absoluto y ruda belleza. Sus ojos dorados, inyectados con el fuego de la