Capitulo 54

El día treinta y seis llegó envuelto en una bruma gélida que subía desde los niveles inferiores de la Ciudadela de Hierro. La piedra negra del castillo parecía exudar el frío de los siglos, pero Astraea no lo sentía. Al contrario, su temperatura corporal seguía elevándose de una manera que desafiaba la lógica biológica de un licántropo común. Se encontraba en la terraza privada de sus aposentos, observando cómo la escarcha en el barandal se evaporaba al contacto con sus dedos. No era el calor de una fiebre; era el calor de una fragua que se preparaba para forjar algo nuevo.

A media mañana, el Consejo de Lobos solicitó una audiencia "de carácter humanitario". Bajo la presión internacional de la Luna Plateada, Valerius se vio obligado a permitir la entrada de un emisario enviado personalmente por el Alpha Thomas. No era un guerrero, sino un hombre enjuto llamado Hakan, un "rastreador de almas" conocido por su habilidad para manipular los hilos invisibles de la lealtad dentro de una mana
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