Capitulo 46

El día cuarenta y nueve comenzó con un silencio sepulcral que pesaba más que la propia piedra de las catacumbas. Abajo, donde el aire sabía a salitre y a eras olvidadas, el tiempo se estiraba como una goma a punto de romperse. Astraea estaba sentada en un rincón de su celda subterránea, una cavidad excavada en la base misma de la montaña donde los cimientos de la Fortaleza de la Luna Plateada se fundían con la roca madre.

Ya no había saeteras por donde ver el cielo. No había visitas de doncellas ni bandejas de comida real. Solo el goteo rítmico de una filtración de agua y la oscuridad absoluta, que para Astraea ya no era negra, sino un tapiz de sombras vibrantes que sus ojos amatista lograban descifrar con una claridad inquietante.

La soledad en las catacumbas era un arma de doble filo que Thomas había diseñado para quebrar la cordura de la joven. Pero lo que el Alpha ignoraba era que, en el aislamiento, el ruido del mundo se apagaba, permitiendo que Astraea escuchara la canción de su
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP