El día cincuenta amaneció con una luz inusual, un resplandor cobalto que se filtraba por las saeteras de la torre alta, tiñendo la escarcha de las paredes de un color que no parecía pertenecer a este mundo. El fracaso del Rito de Purificación había dejado una cicatriz en el orgullo de la Luna Plateada; los guerreros evitaban pasar por debajo de la ventana de Astraea, y el Alpha Thomas se había recluido en su consejo privado, tratando de descifrar cómo una omega sin loba había fundido la plata b