El día setenta amaneció con un silencio sepulcral en el Palacio de las Sombras. Según el decreto del Consejo y el acuerdo con el Alpha Thomas, este era el último día de estancia "estática" de Astraea en la capital. A partir de mañana, la comitiva real iniciaría el lento y tortuoso viaje de regreso hacia la frontera del norte. El destino estaba sellado en pergamino y lacre, y ni siquiera el poder del Rey Lycan podía borrar las firmas de los trece consejeros que exigían el cumplimiento del Tratad