El entrenamiento comenzó al día siguiente, en el gimnasio privado del Rey, un lugar donde solo los guerreros de la Guardia de Élite tenían permitido entrar. El aire olía a aceite de armas, sudor y cuero viejo. Astraea vestía unos pantalones de cuero ajustados y una túnica de lino, una vestimenta que la hacía sentir extrañamente expuesta pero, por primera vez, libre de movimiento.
Valerius la esperaba en el centro de la sala. No vestía sus ropajes reales, sino una camisa de entrenamiento abierta