Capitulo 21

El entrenamiento comenzó al día siguiente, en el gimnasio privado del Rey, un lugar donde solo los guerreros de la Guardia de Élite tenían permitido entrar. El aire olía a aceite de armas, sudor y cuero viejo. Astraea vestía unos pantalones de cuero ajustados y una túnica de lino, una vestimenta que la hacía sentir extrañamente expuesta pero, por primera vez, libre de movimiento.

Valerius la esperaba en el centro de la sala. No vestía sus ropajes reales, sino una camisa de entrenamiento abierta en el cuello que dejaba ver la tensión de sus músculos.

—Si vuelves a la Luna Plateada como una víctima, te destruirán en una semana —dijo él, sin preámbulos—. Pero si vuelves como una guerrera que conoce sus puntos débiles, tendrán miedo de tocarte.

—Majestad, yo no tengo lobo —recordó ella, mirando sus propias manos delgadas—. No tengo la fuerza de Kaelen ni la velocidad de Killian.

—La fuerza física es solo una parte de la guerra, Astraea —Valerius se acercó y le entregó una vara de madera p
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