El aire en el Gran Salón se volvió denso, cargado de una expectación sanguinaria. El Alpha Thomas se puso en pie, levantando un cáliz de oro. Sus ojos, una versión envejecida y cansada de los de Kaelen, recorrieron a los guerreros con una mezcla de orgullo y desesperación por recuperar el control de la narrativa frente al Rey Lycan.
—¡Manada de la Luna Plateada! —tronó Thomas—. Como cada invierno, cuando la nieve comienza a reclamar las cumbres, celebramos la Cacería de los Espectros. Es el momento de que nuestros jóvenes demuestren que sus colmillos están listos para proteger nuestras fronteras.
Un rugido de aprobación sacudió las vigas de madera del techo. Astraea, sentada junto a Valerius, sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío exterior. Sabía lo que era la Cacería de los Espectros. Normalmente, se liberaban animales salvajes o presas capturadas en tierras de nadie, y los jóvenes lobos debían rastrearlos y cazarlos antes del amanecer.
—Pero este año —continuó Th