El río bajaba negro y helado.
La niebla cubría la orilla, ocultando la cabaña de huesos donde vivía la Vieja Madre.
La Chamana del pack Sangre Negra, una mujer que Lorenzo había mantenido encadenada por miedo a su visión, pero que yo había liberado.
Llegué temblando.
No por el frío. Por el miedo.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Mateo, sujetándome el brazo.
—Tengo que saber qué llevo dentro —susurré, tocándome el vientre—. Antes de que me mate.
Víctor nos seguía en silencio, ajustándose las ga