Los ángeles no se limitaron a mi castillo.
Se dispersaron.
Alas blancas cubrieron el cielo de las ciudades humanas. Nueva York. Londres. Tokio.
No distinguían entre lobos y hombres. Para la Diosa Luna, toda la Tierra estaba manchada por mi herejía.
—PURIFICACIÓN GLOBAL —resonaba en las pantallas de televisión de todo el mundo.
Vi, a través de los ojos de los drones de Lilith (que ahora yo controlaba), cómo columnas de fuego blanco caían sobre rascacielos.
La humanidad estaba gritando.
—Están ma