El silencio que siguió al cierre de la boca metálica fue peor que cualquier grito.
El Devorador se quedó inmóvil. Su reactor negro latía con un ritmo enfermo. Pum-clank. Pum-clank.
—¡KAEL! —grité, golpeando el asfalto con mis puños ensangrentados.
Sentí el vacío en mi pecho. El vínculo con mi hijo se estaba debilitando. Era como si una pared de plomo y estática se hubiera levantado entre nosotros.
Lilith se rió desde el interior de la bestia.
—Está siendo procesado, Valeria. Su oscuridad será e