El rayo de luz lunar no quemó la tierra. Quemó la mente.
Bajó del cielo negro como una columna de mármol sólido, clavándose en el centro de mi castillo en ruinas.
La voz de la Diosa no salió de las nubes. Salió de las bocas de todos los lobos presentes.
Miles de guerreros, mis guerreros, abrieron la boca al unísono. Sus ojos se pusieron blancos.
—MATADLA —dijeron todos a la vez.
Era un sonido horrible. Una colmena divina.
—LA MADRE FALSA DEBE MORIR. LIMPIAD EL MUNDO DE SU MANCHA.
El General de