El cuerpo cibernético de Lilith yacía destrozado entre el humo.
Pero su maldad no tenía cuerpo. Tenía voluntad.
Una nube de humo verde neón salió de los restos de metal. No se dispersó. Se condensó.
Formó una flecha espectral.
Y se disparó directa a mi frente.
—¡Valeria! —gritó Rafael.
No pude esquivarla.
La flecha me golpeó entre los ojos.
¡ZAS!
El mundo físico desapareció. El asfalto, el fuego, mis hombres... todo se borró.
Caí en el vacío.
Pero no estaba cayendo hacia abajo. Estaba cayendo h