—Te vi —dijo en voz baja, firme—. Vi a tu loba.
Lyra bajó la cabeza, las mejillas encendidas y las orejas ardiendo de vergüenza.
—¿Lo recuerdas?
—Luchaste por mí, me trajiste de vuelta. Claro que lo recuerdo.
—River… —empezó ella, negando con la cabeza, incómoda con el crédito que él le daba—. No hice nada bien… Apenas conseguí traerte vivo... Solo estás bien por los médicos y la tecnología que usan, yo…
—No —la interrumpió con firmeza, sujetándole el rostro con ambas manos—. No subestimes