Lo que quedaba del liderazgo de Vientos Sombríos estaba de rodillas y, con ello, los demás miembros también se inclinaron ante el supremo y su luna; como si aquel gesto rompiera una represa invisible, toda la manada fue arrodillándose detrás de ellos. Hombres, mujeres, lobas, soldados, incluso niños que observaban con miedo se pusieron de rodillas, con la cabeza agachada. El sonido de las respiraciones pesadas se mezclaba con el susurro de la brisa helada que cruzaba el patio, como un lamento m