Corrieron toda la noche.
Las ramas les arañaban el pelaje, las patas se hundían en el suelo húmedo y el olor a tierra mojada llenaba el aire. Lyra, Solomon y River avanzaban lado a lado, con respiraciones fuertes y acompasadas retumbando en el bosque. La luna llena brillaba allá arriba, testigo silenciosa de la furia contenida que los impulsaba.
Los renegados, esos lobos que no pertenecían a ninguna manada, se escondían entre las sombras, pero al darse cuenta de quién pasaba, abrían paso por re