La tierra tembló bajo el peso de los pasos de River.
Entró primero, enorme, con el pelaje negro brillando bajo la luz de la luna y los ojos rojos como brasas vivas. Gruñó tan fuerte que el sonido pareció partir el aire… y después aulló. Un aullido profundo, monstruoso, que hizo temblar hasta los árboles.
Los lobos de Ventos Sombrios, reunidos en el patio, fueron invadidos por un miedo tan brutal que sintieron la sangre helárseles en las venas y las rodillas ceder. Uno a uno fueron arrodillándos