La noche había avanzado en la posada y el bullicio de la reunión había quedado atrás. Amanda se encontraba sola en la habitación, sentada en el borde de la cama mientras observaba la caja de pastillas en la mesita de noche. No era el envase lo que le quitaba el sueño, sino las palabras de Fran resonando en su cabeza.
"Quiero un futuro contigo, contigo y con Santi. Ser una familia."
Amanda cerró los ojos y suspiró. Una parte de ella anhelaba esa calma, esa promesa de estabilidad. Un hogar donde el respeto, el amor y la armonía no fueran una batalla constante. Y, sin embargo, otra parte de su corazón seguía atada a Vitto, a esa historia inacabada, llena de pasiones intensas, desencuentros y cicatrices que no terminaban de cerrar.
Recordó la llamada de esa tarde. Había tomado el teléfono con la intención de hablar claro, de cerrar un ciclo y frenar de una vez el divorcio. Pero lo que escuchó del otro lado la había dejado muy mal: Alejandra, con su voz llena de ironía, dejando una intimid