En la posada la conversación entre Fram y Amanda continuaba de forma amena
—Me alegra que hayas venido —le dijo Fram inclinándose un poco hacia ella—. Estabas muy seria esta tarde, pensé que no ibas a aceptar.
Amanda sostuvo la copa entre las manos, mirando el líquido oscuro que se movía con suavidad.
—Lo hice por Santi… no quería que él se sintiera fuera de lugar. Además, necesitaba distraerme un poco.
Fram la observó con ternura, aunque no insistió. Sabía que había un muro en ella, una barrera que ni su paciencia ni su afecto habían logrado derribar del todo.
Mientras reía con él, por dentro Amanda sentía que el torbellino crecía, ella Sentía “Sombras en medio de la fiesta”. Cada carcajada era forzada, cada palabra un esfuerzo por mantener el corazón en calma. Porque, aunque quisiera negarlo, su mente estaba en otro lugar, en Nápoles, en la villa, en los ojos intensos de Vittorino.
Recordaba el roce de sus manos, la forma en que él la miraba como si quisiera atravesarla con sus pens