En la posada la conversación entre Fram y Amanda continuaba de forma amena
—Me alegra que hayas venido —le dijo Fram inclinándose un poco hacia ella—. Estabas muy seria esta tarde, pensé que no ibas a aceptar.
Amanda sostuvo la copa entre las manos, mirando el líquido oscuro que se movía con suavidad.
—Lo hice por Santi… no quería que él se sintiera fuera de lugar. Además, necesitaba distraerme un poco.
Fram la observó con ternura, aunque no insistió. Sabía que había un muro en ella, una barrer